miércoles, 17 de junio de 2009

De las cosas que no he podido decirte.

A continuación un fragmento de algo que escribí hace ya mucho tiempo, pero que hasta ahora encontró la salida.





Si te contara la de cosas que no he podido decirte cuando te tengo cerca. Te maravillarías de saber la cantidad de cosas que puede pensar y sentir una mujer y no decirlas. Te enterarías de que hay más secretos en este mundo de los que tú pensabas que había, y aún más de los que crees comprender. Entenderías que las estrellas permanecen separadas por su hambre de estar juntas y brillan porque son mudas y brillando es la manera en la que pueden compartir el calor que sale de sus cuerpos cuando aman. En ese momento comprenderías que te quiero. Te quiero aunque no lo diga, aunque no me creas. Aunque yo no me crea cuando lo digo.
Te quiero. Te extraño por las noches, cuando duermo sola, y cuando duermo contigo y tú te das la vuelta, te extraño. Cuando camino por la calle y siento en el viento la carga dulce de tu aroma, me urge voltear y que estés ahí para abrazarte y que abraces mi ansiedad. Te quiero todos los días a todas horas, para abrazarte, para comerte, tomarme el aire que te rodea, morderte la boca. Te quiero cuando me caes mal por tus errores, cuando me caigo mal por quererte tanto, te quiero. Te espero todos los días a cada hora, y escucho tu risa, y cuando la escucho no puedo esperar más. Me gustas cuando eres fuerte, cuando eres más fuerte que yo y me gustas aún más cuando me haces creer que soy más fuerte de lo que soy y te amo cuando tú crees que de verdad soy fuerte.
Cuando no te lo digo, cuando me ves más enojada, cuando me veo triste, te quiero. Cuando tu no me quieres, cuando me ignoras, cuando estás ahí pero no estás conmigo, aún te quiero, y te quiero aún más, y siento ganas de meterme en tus pensamientos y quedarme a vivir ahí, hasta que te des cuenta de que no estoy y vuelvas a buscarme. Me gusta cuando me buscas, me gusta cuando no me encuentras y sigues buscando, cuando me escondo de ti, y tú intentas alcanzarme. Darte pistas, dejar rastros, para que sepas que estoy e intentes encontrarme. Me gusta encontrarme en ti.

sábado, 13 de junio de 2009

Tan amargo y tan dulce.

O sea que no soy la única.
Al menos tres personas ayer dijeron que esa reacción es universal.
Si quienes lo dijeron hubieran sido cualquier persona, quizá la afirmación no tendría peso.
Pero la misma frase salió de la boca de tres mujeres independientes, maduras, de profesionistas exitosas, y, sí, de sus tres corazoncitos que alguna vez se sintieron tan deshechos como el mío. Trato de pensar en los pelmazos que tuvieron que haber sido sus parejas como para no poder ver lo maravillosas que son cada una de ellas y descubro que fueron igual de idiotas que la mía, que decidió rapidamente que no era capaz de estar solo ni un instante.
Lo interesante (y lo que dió pie a esta entrada) es que aún sabiendo que actuaron mal, que no merecen ni un instante más de nuestro pensamiento, y que valemos todas infinitamente más que ellos y que el vano trazo de mujer tras de la cual movieron las colas, mucho más que su propia inseguridad, mil veces más que su incapacidad de reconocer sus propias carencias emocionales; pasada la ira y la decepción inicial que trae consigo el descubrimiento y/o padecimiento de sus acciones, todas intentamos justificarlos.
Todas a una voz cerramos los ojos y dijimos "No es cierto","Tiene razón, estoy exagerando", "Son amigos, ¿quién soy yo para cuestionar su relación?", o "Pobrecito, se siente muy mal", "Es su personalidad" "Me necesita". Y me resulta increíble porque al pensarlo desde fuera, las escucho a ellas decir eso y me vuelvo loca ¿será posible que no vean lo que yo veo? ¿será que ellas no se miran a sí mismas, lo hermosas, amorosas, intelingentes que son? ¿lo mucho que tienen para dar a alguien que sí sea hombre y no simulacros? Y bueno, no lo ven, porque aún están adentro. Del mismo modo en que yo no veo por qué está mal que lo siga extrañando. Pero lo está.
De eso se trataba esta entrada, aunque dije tantas cosas que no creo que haya quedado claro. Del dolor alegre de seguir pensando en ellos. ¿Por qué no simplemente cancelarlos? Porque la mente repasa y escudriña cada instante compartido para tratar de encontrar en el los motivos para dejar de quererlos. Porque necesitamos convencernos de que se acabó. Sin embargo, aunque la mente encuentre una y mil veces motivos de sobra para el olvido, el corazón se resiste a dejar ir lo que alguna vez lo hizo feliz. Y esto último me lo dijo un hombre, no es invento mío (y no, no es gay): "Sé que hizo mal, y no la disculpo, pero ese engaño me hizo feliz alguna vez y esa felicidad es con lo que me quedo".
Dejo el enlace a una canción que enlaza la entrada anterior, es mi canción favorita de la película que mencioné: http://www.youtube.com/watch?v=AzWw9CrIPMg

You are in my blood like holy wine
Oh, and you taste so bitter and taste so sweet
Oh I could drink a case of you
I could drink a case of you darling.
And I would still be on my feet
Oh Id still be on my feet

I am a lonely painter
I live in a box of paints
Im frightened by the devil
And Im drawn to those ones that aint afraid
I remember that time that you told me, you said
Love is touching souls
Surely you touched mine
Cause part of you pours out of me
In these lines from time to time.

viernes, 12 de junio de 2009

Y si no existe, no moriré de un corazón roto...

Henos aquí. Una vez más. Como nunca y como siempre.

He aquí la primera entrada que escribo en este blog nuevo, inspirado en parte por los apasionados escritos de Marelupus y en parte por mi resolución de volver a comenzar.

He perdido la costumbre de dejar mis ideas fluir y escribir lo que mi yo interior quiere gritar. Pero anoche, por primera vez en mucho tiempo, pude dejar salir las cosas, y aunque el alivio no fue total, por lo menos pude dormir en paz por primera vez en muchos días.

Heme aquí sentada frente a mi computadora, incapaz de salir de mi cuarto, encerrada a piedra y lodo, a salvo de un mundo que amenaza con devorarme entera. Ya lo hace. A veces tengo la sensación de que un día de éstos no va a quedar nada de mí. Si los kilos no fueran tan necios, es probable que encontraran en mi casa sólo los huesos de lo que fue alguna vez una mujer.

Ha acabado todo. ¿O es que todo acaba de empezar? Debe ser así. No puedo distinguir si el nudo en mi estómago es el de la expectación anhelante por aquello que se adivina de lejos, o si es el sapo que me tragué en forma de tristeza contenida cuando intenté llorar de rabia y no fui capaz de permitírmelo. Quiero pensar que se trata de las mariposas en el estómago que levantan el vuelo cuando adivinan que el nuevo amor llega. Eso debe ser.

Habrá de ser así. Porque he decretado que así será. Hoy escuché a mi Pepe Grillo. A esa nena maravillosa que Dios me regaló en forma de amiga, mi más Caro tesoro. Y cuál no sería mi sorpresa al descubrir en su voz y sus palabras el espíritu mío. Entendí entonces que no había otro camino más que seguir de frente, y cumplir sus intenciones para mí como si de mandatos celestiales se trataran. -Mira arriba de los cerros- me dijo,- el cielo es tu límite.- ¿Cómo decirle que no? Es menester ser feliz. Yo misma le dije que serlo era una decisión propia.

Henos aquí. El título de esta primera entrada surge de un diálogo entre dos hermanas, en una película que me gusta mucho: Practical Magic. En esta escena, una niña destrozada por la muerte de su madre a causa de un corazón roto por la muerte del esposo, hace un conjuro para repeler el amor, pidiendo un hombre con características tan raras que fuera imposible de encontrar. Su hermana le dice que no existe nadie así, nadie como ella describe al que quiere que sea su amor. La niña le responde que ese es precisamente el punto: -Si no existe, no morire de un corazón roto.

Heme aquí. No moriré. Parece el final pero es mi principio.